Isla Paulino: el fruto del esfuerzo

Los isleños de Berisso nos abren sus puertas para descubrir la historia, sus costumbres y la lucha por preservar uno de los humedales más australes.

Una de las premisas de este blog es reflejar que, a pocos kilómetros de nuestras casas, la vida cotidiana puede ser completamente distinta. Por eso, hace rato que tengo ganas de conocer la Isla Paulino en el partido de Berisso, donde mucho de lo que podemos ver y disfrutar es producto del trabajo constante de la comunidad isleña.

En sus principios, la formaba parte de la Isla Santiago, que es donde hoy está el Astillero Río Santiago. Pero en 1883, Dardo Rocha -el fundador de La Plata- decidió que en lugar de aprovechar las ventajas de tener un puerto natural, se construyera un gran canal artificial al estilo europeo.

Así, surgieron la Isla Santiago Oeste en el partido de Ensenada y la Isla Santiago Este en el partido de Berisso. Con el tiempo, a esta última la empezaron a llamar por el que se dice que fue uno de sus primeros pobladores: Paulino Pagani. Fue un capataz de la construcción del Puerto de la Plata que instaló el gran Recreo Pagani.

Entre las décadas de 1920 y 1930, empezaron a plantar tomate, hortensias y vides, destacándose el “vino de la costa”: su particularidad es que se produce con la uva Isabella, que sólo puede verse en zonas húmedas. Pero una crecida del río de La Plata arrasó con gran parte de lo construido y, como empezó a caer la actividad turística y se secaban los viñedos, mucha gente abandonó la zona. El Hotel Paulino Pagani se reconstruyó, aunque un incendio lo destruyó en 1988.

Hoy en día viven unas 15 familias, en su mayoría compuestas por mayores de edad y especialmente ancianos, cuya actividad principal sigue siendo la turística por el gran atractivo de sus playas. Como los jóvenes que quedan en edad escolar van a la secundaria en Berisso, la escuela de la isla se cerró. Pero eso les da la posibilidad de relacionarse con los jóvenes del continente y, según contó una guía del lugar, están muy contentos de que sea así.

A diferencia de lo que se puede ver en el Delta del Paraná, no tiene acceso a los servicios públicos de electricidad, gas o agua potable. Paradójicamente, eso los obliga a utilizar la energía limpia de los paneles solares instalados en la mayoría de las construcciones, que tienen más de cien años y aún respetan el estilo histórico de casas elevadas para protegerse de las inundaciones.

Algunos de los personajes que pasaron por la isla fueron el Indio Solari, que la menciona en “Mi caramel machiato”, el escritor Haroldo Conti y uno curioso fue el griego Aristóteles Onassis. La historia cuenta que ahí empezó a hacer sus negocios, pero según los vecinos era más bien contrabando porque, por ejemplo, un día encontraron montones de cajas de bombones en la costa.

Todos los años, se organiza la Fiesta de la Primavera, donde el momento central es la procesión en kayak por la Virgen Stella Maris. Es la patrona de los isleños y los navegantes, por lo que hacen una ofrenda floral pidiendo por buenas cosechas y protección frente a las crecidas del río. También se puede hacer un pequeño recorrido para apreciar mejor las distintas viviendas y conocer gran parte de su historia, si bien esto está disponible en cualquier momento del año para los que estén interesados.

Toda la región de Berisso tiene una gran impronta inmigrante, algo que en la isla se refleja ya desde el propio Pagani o la instalación de Onassis en el lugar, pero también por muchos otros que viajaban en barco durante meses. Si bien los que arribaban eran en general europeos, se destacó especialmente la comunidad italiana.

Y ahí es donde surge otro de los eventos distintivos de la fiesta, que es descubrir el juego de la “murra”. Era un entretenimiento de los inmigrantes para esas travesías tan largas, con un parecido al “piedra, papel o tijera”: el objetivo es adivinar cuántos dedos de ambas manos mostrará el otro participante. El ganador debe llegar a los 5 o 21 puntos, de acuerdo con la variante, pero siempre manteniendo una ventaja de 2.

Al ser uno de los humedales más australes, los desafíos son varios: el principal, como contamos antes y también pasa en Punta Indio, es protegerse de las fuertes inclemencias climáticas que tiene el estar ubicados junto al Río de la Plata. El haber logrado la denominación de “Paisaje Protegido de Interés Provincial” permitió a los pobladores luchar, por ejemplo, por la construcción de defensas contra el avance de las aguas o reducir la velocidad de las embarcaciones que circulan por sus cercanías.

Pero también existen riesgos mucho más relacionados con la mano del hombre: hace unos años, se proyectó convertir la isla en un depósito de contenedores y un barrio privado, lo cual seguramente hubiese generado la expulsión de los habitantes y una importante alteración del ecosistema, eliminando así beneficios como la biodiversidad o regulación de la temperatura, entre otros.

Ahí es donde toma el mayor sentido el título de esta nota: más allá de no tener acceso simple a ciertas comodidades que quizás podrían encontrar a pocos kilómetros en la zona continental, el desafío diario es preservar su historia, sus costumbres y, en general, todo lo que fueron construyendo. Precisamente, una de las formas que encontraron para hacerlo es recibirnos con los brazos abiertos para conocer su vida (y su lucha) de primera mano.

Consejos para tu visita

Por lo que fuimos contando, la Isla Paulino no es un destino más, así que está bueno tomar algunos recaudos extra para no pasar sobresaltos:

  • Tener a mano cierta cantidad de agua potable. Aún cuando hay alguna proveeduría para hacer compras, el stock puede ser limitado.
  • En los baños públicos, el agua sólo es apta para limpiar las instalaciones. Si tu estadía va a ser prolongada, quizás convenga que pagues el acceso a un recreo.
  • Es muy importante el repelente para insectos y, en cierta medida, el protector solar.
  • No dejes de confirmar los horarios de vuelta de la lancha colectiva. Como no hay manera de “ganar tiempo” en el agua, el servicio puede retrasarse o incluso adelantarse.

¿Dónde queda?

La Isla Paulino está a unos 20 minutos de viaje en lancha de la zona céntrica de Berisso. La ciudad cabecera del partido queda a aproximadamente 6 kilómetros del casco urbano de La Plata y uno de los accesos principales es por el Bosque platense (Ruta Provincial 11 y avenida 60)

¿Cómo llegar?

Lo más práctico es viajar de La Plata a Berisso con la línea 214 A, que pasa por las cercanías de la terminal de micros y la estación del tren Roca, aunque también hay algunos ramales de la línea 202. En cualquier caso, deben bajarse en el embarcadero ubicado en Montevideo y Génova (junto al Puente de la Autonomía). Pueden consultar los horarios y punto de partida de la lancha llamando al 2215377397, pero en gran parte del año salen a las 8, 12 y 17, volviendo aproximadamente media hora después. En verano y fechas especiales suele andar cada dos horas, de 8 a 18.

¿Dónde dormir?

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