Por el Camino Real: Carlos Keen y Villa Ruiz

Las rutas bonaerenses nos permiten conocer cómo eran las vías de comunicación en la era colonial y, al mismo tiempo, disfrutar de buena gastronomía en pueblos rurales.

Ya sabíamos que, en la era colonial, una tarea tan sencilla de la vida moderna como llevar un simple mensaje escrito de Buenos Aires a Perú podía llevar meses. Lo que quizás no sepan es que se hacía por trazados asimilables a avenidas y rutas de la actualidad y que, recorriéndolas, podemos conocer algunos pueblos que se destacan por su propuesta gastronómica.

Ese es el caso del Camino Real al Alto Perú, creado en 1663 por el gobernador del Río de La Plata José Martínez de Salazar. Un recorrido hacia Lima era similar a la Ruta Nacional 9, mientras que el otro -del cual vamos a hablar hoy- tenía parte de su trayecto parecido al de la Ruta Nacional 7. Cobró relevancia con la creación del servicio de correos en 1748, el encuentro entre Belgrano y San Martín en la Posta de Yatasto y la comunicación de la Declaración de la Independencia en “apenas” once días.

El circuito del oeste recorría la que conocemos como avenida Rivadavia para luego continuar por la Ruta 7 hasta Luján. A pocos kilómetros de allí, se desviaba de lo que actualmente es una autovía hacia la zona cuyana, para ir pasando por los poblados que en la era actual son denominados como San Antonio de Areco, Arrecifes y Pergamino, cruzando luego el Arroyo del Medio para continuar el recorrido en la provincia de Santa Fe.

Al salir de la zona urbana de Luján y adentrarnos en el Camino Real, la primera parada es Carlos Keen. Lo fundaron en 1881, poco tiempo después de la construcción y habilitación del ramal de tren Luján – Pergamino. El nombre homenajea al abogado y periodista que fue teniente coronel en la Guerra de la Triple Alianza y fue gravemente herido en la batalla de Pehuajó. Lo curioso es que, a diferencia de otras localidades, no la conoció, habitó ni tuvo que ver absolutamente nada con su creación.

La historia que sí coincide con la de otros pueblos es la ferroviaria: hacia 1930, tuvo un crecimiento vertiginoso que le permitió llegar a los 3000 habitantes, con acceso a todo tipo de servicios públicos y privados. Pero, con el cierre del tren en la década del ’70, la cantidad de población fue cayendo hasta llegar a unos 500 habitantes y eso los obligó a reinventarse.

El camino que eligieron fue el de la gastronomía, que se caracteriza por su variedad: hay más de una decena de locales, de estilo tradicional o moderno, donde podemos encontrar desde comidas rápidas hasta cartas de parrilladas y pastas. En este último caso, un menú completo (con bebida, postre y cubiertos incluidos), ronda los 500 pesos por persona.

La propuesta se complementa con la feria artesanal de cada fin de semana y muchas actividades culturales en el antiguo galpón del ferrocarril, donde también conocer un poco más de la historia de Carlos Keen, las actividades de sus distintas épocas y algunos de sus habitantes destacados. Por ejemplo, durante mi visita hubo una demostración sobre el uso de los telares y también de la rueca para obtener hilados desde copos de lana.

Un buen momento para ir es en cercanías del solsticio de invierno, cuando hacen la Fiesta del Sol, donde pueden disfrutar de espectáculos de danza, música, clases de cocina y el momento cumbre: la fogata de los deseos, donde se quema todo lo que queremos dejar atrás -en forma de un mensaje escrito en papel- de forma parecida a la tradición de la fogata de San Juan.

Por la misma calle donde queda la estación, podemos seguir por el Camino Real en dirección a Villa Ruiz, que ya es el primer pueblo rural del partido de San Andrés de Giles. Son unos siete kilómetros de camino pavimentado que se pueden recorrer sin mayores inconvenientes en auto, en bici, con el mismo colectivo que nos lleva a Carlos Keen o también a pie. Si tienen suerte, hasta los puede acompañar y cuidar algún amigo que se crucen por ahí.

La historia de esta segunda parada del día empezó con la inauguración del Tramway Rural, que tenía un recorrido de la estación Federico Lacroze a Rojas, dentro de las tierras donadas por don Lorenzo T. Ruiz. La apertura fue el 24 de mayo de 1889, cuando llegó el primer tren tirado a caballos y, tras el cierre de este ramal, el edificio se convirtió en una delegación municipal.

La vida cotidiana de hoy pasa también por la oferta gastronómica, destacándose más los restaurantes de campo y las pulperías, aunque también hay locales modernos con grandes espacios al aire libre para que se entretengan los chicos. Y, si son fanáticos de los colectivos, pueden encontrarse una postal poco habitual: el “cementerio” de unidades de la empresa Atlántida, propietaria de las líneas 57, 410 y 429 (de Capital Federal a Luján, Mercedes y Pilar).

Hasta ese punto, es una alternativa muy práctica y cómoda para pasar un día en el campo bonaerense. Desde allí, la continuación del Camino Real hacia pueblos como Cucullú o Azcuénaga es una típica ruta rural en mal estado, por lo cual es más apta para espíritus muy aventureros. Pero alguna vez la recorreremos.

¿Dónde quedan?

Carlos Keen forma parte del partido de Luján y Villa Ruiz, de San Andrés de Giles. El acceso a ambos empieza en el kilómetro 72 de la Ruta 7.

¿Cómo llegar?

  • En automóvil: circular por el Acceso Oeste y continuar por la Autovía 7 hasta el kilómetro 72. Allí está la salida al Camino Real y hay que recorrer 16 kilómetros para llegar a Carlos Keen. Si van a Villa Ruiz, es recomendable hacer este mismo recorrido y salir nuevamente al Camino Real en la calle Emilio Mitre, dado que es la única vía pavimentada.
  • En colectivo: es indispensable llegar primero a la terminal de Luján. Una opción desde Capital Federal es la línea 57 (servicio desde Once o expreso desde Palermo). También pueden tomar el tren Sarmiento hasta Moreno y combinar ahí con las líneas 203 “Luján por Gaona” o 57 a Luján / Mercedes “por autopista”. De la plataforma 11 de la terminal sale la línea 501 cartel “Carlos Keen – Villa Ruíz” (identificada en muchos casos como 503) cada aproximadamente tres horas. Este último trayecto tarda una hora de punta a punta y el costo es de un boleto máximo urbano ($ 22 en enero de 2020).

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Las rutas bonaerenses nos permiten conocer parte de las vías de comunicación de la era colonial, mientras disfrutamos de buena gastronomía.